Ein dummes Idyll (10)

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Apr 10, 2017 22:34
Und durch meine Schlaflosigkeit -Harte Strohmatraze und brennende Ohren – stellte mir viele Sachen vor, die ich danach an Jaqueline sagte. Ich habe ihr angeboten, daß ich in Urlaub sie besuchen ginge, ðaß ich die tausende Kilometer durchflöge, die uns trennten, obwohl ich keinen Cent habe. Ich sagte ihr, daß ich Besitzer einer grosse Kakaoplantage an der Küste war, und ich kann nicht einmal Ihnen sagen, wie die Küste aussieht! Ich sagte ihr, daß ich nach Deutschland geschickt worden werde (?), um meine Studien weiter zu entwickeln; ich, so ein schlechter Schüler, der kaum, kläglich die Schuljahre gewohnen hat; und, -denn ihre Schwäche war das Kino- ich sagte ihr, daß ich ein Filmstar werden möchte, und redete von meiner Fahigkeit dafür. Ich war ein Athlet, ich hatte Tenorstimme und eine wundervolle Gestalt. Bald würde sie sie kennenlernen, durch das Photo, das ich ihr ein paar Tage später schicken würde. Endlich gestand ich ihr meine Liebe -Lachen sie bitte nicht-, auch sie gestand mir ihre, nicht nur durch undeutliche Aussagen: ausdrücklich. Und die sechzehnjährige Millionärin, die ich nie sehen werde, glaubte mir alles! Alles! Und ich lag ihr eine starke Liebe in diese Brust, die niemals aus einer einzigen Bitternis gelitten hatte. Das war meine Rache! Die Rache meiner proletarischen Klasse gegen ihre, die die Welt zu ihren Füßen hat, und vor allem, immer etwas zum Essen hat. Das war meine Rache, das war meine Rache! Es gab etwas, das ihre Existenz verdüsterte, das ihren Weg durchbrach: das Streben -unbefriedigt- ein Filmstar zu werden. Vom Anfang entdeckte ich ihren verletzbaren Punkt! Dadurch konnte ich ihr anketten. Ich würde ein Filmstar werden, wir würden zusammen arbeiten gehen...

Sie wartete mir, sie schrieb seinen letzten Brief hinter seinem Spanischlehrer! Sie errötete vor ihren schlecht geschriebenen brennenden Sätze! Die Rache! Die Rache! Leide einmal schöne Millionärin! Nicht nur die Mutter leiden wird, die einem Schuhe kaufen muß und keine möglichkeit dafür hat. Nicht nur Andrés Peña wird weinen, wenn ihm das Leben ein Stück Brot ablehnt, oder ihm die Nase zerknüllt, -am Wenden einer Ecke – mit der Hoffnung eines Hungerlohns.
Y en mis insomnios -duro colchón de paja y orejas encendidas- imaginaba de mí muchas cosas. Que se las decía después a Jacqucline. ¡Le ofrecí ir a verla en vacaciones, recorriendo los miles y miles de kilómetros que nos separaban, a pesar de que no tengo un centavo; le dije ser propietario de grandes plantaciones de cacao en la costa y ni sé decirle cómo será la costa!, le dije se me enviaría a perfeccionar los estudios en Alemania, yo, tan mal escolar, que ha ganado los años a duras penas, miserablemente; y -como el débil de ella era el cine - le dije que me gustaría ser galán de cine, hablándole de mis aptitudes para ello. Yo era un atleta; tenía voz de tenor y una magnífica figura! ¡ya la conocería por la foto á enviarle dentro de pocos días! En fin, le confesé mi amor -no se me ría en la cara-. Ella también me confesó el suyo. No sólo por alusiones vagas: explícitamente.
Y la millonaria de dieciséis años a quien nunca veré me creyó todo, todo, y le metí un fuerte amor en ese pecho que jamás había sufrido una sola amargura. Esta era mi venganza. La venganza de mi clase proletaria contra la suya, que tiene a sus pies el mundo y que, sobre todo, siempre tiene qué comer!. ¡Esta era mi venganza, esta era mi venganza! Algo había que ensombrecía su existencia, que se le atravesaba en el camino: su ambición -insatisfecha- de ser estrella de cine. ¡Desde el principio descubrí su punto vulnerable! Por ahí podía encadenarla. Yo sería galán de cine; iríamos a trabajar juntos...

¡Me esperaba, escribía su última carta a escondidas del profesor de español! ¡Le daban rubor sus malas frases encendidas! ¡La venganza, la venganza! ¡Sufre alguna vez, mujer bella y millonaria! ¡Sufre al ver que el ídolo que fabricaron tus fantasías sólo fuera un estudiante en la miseria! ¡Sufre alguna vez! No sólo será la madre que debe comprarle zapatos a uno y no tiene cómo. No sólo llorará Andrés Peña cuando la vida le niegue un mendrugo, o le estruje las narices -a la vuelta de una esquina- a la esperanza de algún sueldo de hambre.